Full text: García Valdecasas García Valdecasas, Alfonso: ¬Las creencias sociales y el derecho

cionaria en pueblos cultos. No existen los pueblos de la "eterna auro¬ 
ra". Esa eterna aurora seria mas bien una "penumbra sin término ni 
principio", imagen conocida de la muerte. Toda sociedad humana estâ 
siempre en proceso continuo de cambio. Toda sociedad humana tiene 
por fuerza que "subir o bajar" como la flecha de la empresa de Saa¬ 
vedra Fajardo. 
Pero si el "'hacer por costumbre" no puede ser total, exclusivo, en 
cambio necesariamente ha de existir una gran dosis suya en la socie¬ 
dad y su importancia en ella es fundamental. No podria haber socie¬ 
dad humana sin costumbre. Y no conocemos forma ninguna de vida 
humana en la que la costumbre no sea esencial. 
«Por qué es esto asi? «Y por qué hacemos lo que es costumbre? 
Nuestra pregunta no se propone averiguar por qué hacemos tal o 
cual cosa acostumbrada, por ejemplo, por qué las mujeres se cubren 
la cabeza para entrar en la iglesia, mientras que los hombres la des¬ 
cubren, por qué Ilevamos corbata o por qué cuando nos encontramos 
personas conocidas nos damos la mano. La respuesta primera a es¬ 
tas preguntas seria justamente: porque es costumbre. Pues normal¬ 
mente no sabemos la razon por qué hacemos las cosas que son costum¬ 
bre; las hacemos simplemente porque se hacen. Podremos, por ejem¬ 
plo, investigar cuál es el sentido del llevar corbata. Pero para llevarla 
no nos lo hemos preguntado. La costumbre nos ha empujado a hacer¬ 
lo, tan suave y naturalmente que ni siquiera lo notamos. 
Préguntamos, pues, qué sentido tiene el hacer cosas porque se 
se hacen y por qué nos empuja a hacerlas la costumbre. ; En qué con¬ 
siste la fuerza persuasiva o impositiva con que se nos aparece el com¬ 
portamiento que es acostumbrado? 
Evidentemente en toda costumbre se encierra una respuesta ante 
una situacion y se acumula una experiencia ante una realidad. Pues. 
valga la simpleza, todo aquello que es costumbre... empezó por no 
serlo. Antes de que el dar la mano se convirtiera en un gesto acostum¬ 
brado e incomprendido por quien lo realiza, empezó por ser una efec¬ 
tiva demostración de paz con la que una persona se acercaba inerme a 
otra. El gesto habia de reproducirse al repetirse las circunstancias que 
provocaron su nacimiento. Cuando el hombre ha resuelto una situa¬ 
ción, repite la respuesta encontrada ante situaciones análogas. El hom¬ 
bre es capaz de aprender y de trasmitir esa experiencia. La respues¬ 
ta generalizada, mecanizada ante una situación dada es la costumbre. 
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Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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