Full text: Bilbao Eguía, Esteban de: De la persona individual como sujeto primario en el derecho público

finitiva, otra cosa que el vestigio que sobre nuestro ser real deja 
siempre el propósito ideal impuesto por un sistema o habito de 
preferencias absolutas. Ahora, decia con acierto Garcia Morente, 
lo que simboliza la creencia de la hispanidad no es otra cosa 
que el «caballero cristiano». Como no considerar sorprendente 
y hasta asombroso que se omita por Muret en la enumeración y 
analisis de las «elites» que han desempenado papel predominante 
en la Historia universal, la mención del caballero cristiano? Aun 
recuerdo la impresión que me produjo leer en uno de los me- 
jores libros de Emilio Lareleye, «El gobierno en la democracia» 
la apologia hecha también por Taine de los puritanos de Crom¬ 
well como encarnacion del tipo ideal de hombres aptos para una 
vida civilizada y democratica. Pero etnongrafo tan eminente como 
Galton descubrió en esos puritanos las huellas del tipo ibérico 
importado en Inglaterra por los caballeros que acompannaron a 
Felipe II. También los caballeros cristianos supieron, como los 
puritanos y antes que ellos, ser probos, temperantes y laboriosos, 
como los puritanos y antes que ellos mantener una moral ele¬ 
vada y rigida, que no fué la mera devoción mecánica, sino la 
génesis de la austeridad de nuestra vida privada y de la santidad 
de nuestras costumbres domésticas y es todavia la sustancia ética, 
latente y unica de que vive el alma popular espannola. 
VI 
Providencial 
Nuestro nuevo e insigne companero consagra las ultimas pa¬ 
misioi 
ginas de su concienzudo y por tantos conceptos admirable dis- 
de Espant 
a la hora 
curso, al examen de lo que, a su entender, debe constituir, à la 
presente 
hora presente, trascendental y elevada misión de Espanna. Parece 
-dice con acierto y elocuencia innegables nuestro nuevo com¬ 
pannero— como si la Providencia reiterase a Espanna su primacia 
secular en la defensa de los valores espirituales. Nuestra misión 
fuë siempre ésa y de ella no podemos ni debemos desertar. 
Ahora, como en pleno siglo XVI, no aspiramos a ocupar otro 
puesto que el que nos corresponde y para el que sentimos intima 
vocacion: el de defensores acérrimos de la dignidad del hombre 
70 
y de la unidad especifica del humano linaje. 
Max-Planck-Institut fü 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
uropäisch 
htsgeschichte
	        
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