Full text: Jorro Miranda, José: Orientaciones pedagógicas

vivimos la vida, tenemos la obligación de dar a ésta un 
sentido y de marcarla un valor. Y siendo asi, la obra de la 
educación queda perfectamente delineada. Y cabria decir 
con Cochin que "la instrucción forma el talento, mas la 
educación forma el carâcter"; y no está mal repetir, con 
Joubert, que "hay que hacer a los ninos razonables, pero 
no convertirles en razonadores", para lo cual seria preciso 
que se realizara el deseo de Montaigne, que mejor queria 
que "un preceptor tuviera la cabeza bien hecha que muy 
llena". Con todo lo cual llegariamos a unir las dos educa¬ 
ciones de que nos hablaba el cardenal Gibbons, cuando es¬ 
cribia que "todo hombre recibe dos clases de educación: 
una, que le es dada por sus semejantes, y la otra, mucho 
mas importante, que es la que él se da a si mismo". Pero 
el ilustre cardenal no ignoraba, seguramente, que en esta 
segunda educación juegan por mucho desde los primeros 
hâbitos de nuestra ninez o de nuestra infancia, hasta los 
ultimos escalones, no ya de nuestra pubertad, sino de nues¬ 
tra hombria y madurez, siendo cierto en gran parte lo que 
manifestaba Fenelón, de que “los hábitos de la ninez y los 
prejuicios de la educación se apoderan de nosotros antes 
de que hayamos tenido tiempo de reflexionar". 
Todas estas frases, pensamientos y sentencias parecen 
entre si diferentes, y no pocos hasta pensaran que se re¬ 
pelen; pero todas van a enfocar hacia el mismo sitio, cual 
es el de la persona y el alma del sujeto de la educación, 
que es la juventud de los pueblos. Por eso aparece perfecta¬ 
mente claro y diáfano del magnifico discurso del Conde 
de Altea, que la educación no es más que una, su finalidad 
siempre idéntica y que la habilidad y el talento consiste 
en compaginar, en la debida forma, todos los diversos com¬ 
ponentes llamados a hacer de escultores que conviertan en 
figura viable la masa del cerebro y del corazón del ninno 
o del joven sometido a esas matizadas influencias. 
En su ultima parte, el Conde de Altea nos habla de la 
función de la Universidad, y tiene la bondad de citar al¬ 
gunas palabras de mi ultimo libro. En efecto, vengo pade¬ 
ciendo la obsesión de que Espanna lo que necesita es clase 
educadora que se capacite para elevar a la masa y al con¬ 
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Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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