Full text: Diego Carro, Venancio: Derechos y deberes del hombre

tencia a la tirania; en nuestro trabajo citamos otros muchos Dere¬ 
chos, y entre ellos los que son anteriores y superiores al Estado. 
No nos agrada, en cambio, el articulo 4, por impreciso y falso. 
La verdadera libertad no se cifra, como dicen los constituyentes, 
en hacer todo lo que se nos antoje, con tal de no perjudicar a otro 
ciudadano, sin mås trabas, ni limitaciones. Para nosotros la libertad 
es uno de los dones más preciosos del hombre, que sólo es posible 
por su condición de ser racional, capaz de conocer y comparai 
medios y medios, habida cuenta del fin. Somos libres porque somos 
duenos y senores de nuestros actos; pero la libertad no es el liber¬ 
tinaje. En Dios se da la máxima libertad, y no cabe, ni es posible 
el libertinaje. El libre albedrio no es la potestad de hacer lo que 
nos venga en talante; es la potestad del hombre, a través de su vo¬ 
luntad racional, para obrar de un modo o de otro, a elegir los me¬ 
dios, que pueden ser variados, siempre que nos conduzcan al ver 
dadero fin del Hombre, ajustándonos al orden y a la ruta sennalada 
por las leyes, incluyendo en éstas la ley eterna y la ley natural, 
como arquetipos y fuentes primarias de lo justo y de lo bueno. 
Aunque el Estado no puede, ni debe intervenir en muchos actos del 
hombre, por caer fuera de su esfera de acción, no por eso es licito 
al hombre el obrar como quiera. Por lo demás ese limite impuesto 
por ellos a la acción libre del hombre, no perjudicar a otro ciu¬ 
dadano, es tan impreciso e indefinido que no es suficiente. 
Tampoco nos agrada el articulo 6, al afirmar que “la ley es la 
expresión de la voluntad general". La frase, aunque se haya repe 
tido mil veces, y se siga repitiendo, no sin enfática fatuidad, es 
harto impropia e inexacta, por no decir falsa, en todas sus partes. 
No podemos repetir aqui lo dicho e impreso en otras ocasiones. 
Bastará con afirmar que en esto somos racionalistas cristianos. 
Queremos decir con esto que no es la voluntad la madre de la ley; 
es la razón, como nos dice el Doctor Angélico, al definirla como 
una "ordinatio rationis", en cuanto traduce y revela las rutas de 
lo justo y de lo bueno que estén sobre nuestra voluntad y capricho. 
El voto de los pueblos, en el que tanto se confia, puede ser conve¬ 
niente y necesario, como medio para descubrir y acertar con esas 
rutas; pero no es la causa principal de la justicia de las leyes, ni 
de las leyes mismas. 
Los articulos 7, 8 y 9 pueden ser aceptados, sin reservas, aun 
que en ellos se formulen normas de carácter positivo, que los mis¬ 
Max-Planck-Institut fü 
prales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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