13
NOCIóN HISTóRICA DE LA REPRESION
En los primeros tiempos se encuentra establecida
la venganza como derecho y deber en la persona
ofendida y su familia, para reprimir à los delincuentes -
; derecho y deber que cesaban por convenciones
privadas entre las partes. La religión, desempenando
el trascendental papel que le es peculiar en todas las
sociedades nacientes, habia penetrado tanto en la esfera -
del derecho penal, que la venganza, ya püblica,
va privada, era ejercida bajo el amparo de los dioses -
(1).
No hay, pues, diferencia sensible entre el sistema
griego de los tiempos primitivos y el de los demâs
paises.
Después de la guerra de Troya cambió el concepto
de la penalidad en el mismo sentido que lo vimos
cambiar en el Oriente. La venganza individual fué
sustituida por la venganza püblica y divina. El delito
se consideró como una ofensa à la divinidad, el delincuente -
como un enemigo, y de ahi que el fin de la
(1) En el libro IX de la Iliada, se léen unas palabras que Ayax dirije à Aquiles,
que tomo, en su parte pertinente, porque las considero como la exposicion de
una doctrina; son estas: “ Todos los dias, el hombre, después de haber ofendido
à los dioses con transgresiones criminales, llega al fin á apaciguarlos con votos,
çon presentes, con sacrificios, con libaciones y con suplicas ; porque, debeis saberlo, -
las suplicas son hijas de Jupiter ; son cojas, arrugadas, con los ojos
siempre bajos, son siempre serviles y siempre están humilladas ; caminan detras
de la Injuria, porque ésta, altiva, ligera y llena de confianza en sus propias
fuerzas, las aventaja y recorre la tierra para ofender à los hombres y las humildes
suplicas la siguen para curar los males que ha causado. El que las respeta y las
escucha recibe grandes socorros, ellas lo escuchan à su vez en sus necesidades y
Ilevan sus votos al pié del trono del gran Jupiter; pero el que las repulsa y las
rechaza esperimenta los efectos de su temible cólera; solicitan de su padre que
ordene à la Injuria el castigo de ese corazón bárbaro é intratable, y la venganza
del rechazo que han recibido. Traduccion de Mme DACIER, Libro IX, pág. 180.