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DEL EXCMO. SR. CONDE DE TORENO
mente, pero entiende que los Estados Unidos, en el
siglo próximo ó acaso antes de que termine el actual,
habrán de atravesar por sucesos semejantes, y por más
que desee que aquella nación salga incólume de ellos,
teme que su Gobierno no sea capaz de contener à una
multitud irritada y doliente, porque en él predomina
el nûmero, y los ricos, que están en minoria, se encuentran -
por completo à merced del proletariado; de ahi
que crea que llegará un dia en que aquel pueblo hambriento, -
à cambio de un festin, nombre los que hayan
de representarle, que no serán ciertamente ingenios
nobles y patrióticos que inculquen la paciencia y el
respeto à los derechos adquiridos, sino demagogos
que ataquen con los fáciles y usuales apóstrofes al capital, -
y pongan sobre el tapete el problema de por qué
los unos han de ir en coche y beber Champagne, mientras -
tantos hombres honrados no disponen de lo indispensable. -
Cuando ese dia llegue, Lord Macaulay dice
que los norteamericanos harán tales cosas, que después
de ellas no se recobra la prosperidad perdida, y entonces -
cualquier César cogerá con robusta mano las riendas -
del gobierno, ó la Repûblica será devastada en el
siglo xx como lo fué el Imperio romano por los bárbaros -
en el v, con la diferencia de que los hunos y los
vandalos, que destruyeron este ültimo, vinieron de
fuera, y las hordas que asolarán á la primera, serán
sus hijos y obra de sus propias instituciones.
No basta, después de consideraciones tan profundas,
proclamar, como está escrito en la Carta constitucional -
del pequeno cantón suizo de Uri, que “el pueblo,
en el ejercicio de su soberania, no es responsable sino
ante su conciencia y ante Dios;„ principio que se halla
tácita ó expresamente grabado en todos los Códigos
democráticos, y que, aplicado ad usum populi, no es sino
la traducción de la antigua máxima de que el Rey nun¬Max-Planck-Institut -
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